miércoles, 26 de octubre de 2011

Perspectiva de familia

Copio este artículo publicado en La Razón por el magistrado José Luis Requero:

PERSPECTIVA DE FAMILIA

La semana pasada supimos que desde enero han salido de España más inmigrantes que los que llegan. En concreto y según el Instituto Nacional de Estadística, han llegado 317.491 inmigrantes, pero han salido 356.692, algo inédito en los últimos diez años. También se van de España españoles: en lo que va de año han salido unos 50.000, una cifra que, por ahora, no se considera preocupante. Además se estima que en una década la población española se reducirá en cerca de medio millón de personas debido a la menor afluencia de población inmigrante.

Estos datos agudizan el problema demográfico que padece España; yo hablo de suicidio demográfico, otros hablan de “invierno” demográfico, da igual: la cuestión es que un país que envejece tiene un grave problema, es un país que se suicida, que renuncia a tener futuro. Hoy los mayores de sesenta y cinco años superan en más de un millón a los menores de quince años. En los últimos años la población inmigrante ayudaba a mejorar las cifras; ayudaban a recuperar la tasa de reposición poblacional (que nazcan más de los que fallecen), pero los datos anteriores pintan un panorama muy negro.

En la misma semana que se conocía esa noticia, se presentaba el libro “La familia, desafío para una nueva política”, que ha editado el Instituto de Política Familiar y del que son autores Eduardo Hertfelder, Mariano Martínez-Aedo y Lola Velarde. En él se analiza este invierno demográfico como parte de otro no menos inquietante: la situación de la familia en España. Los autores estudian esa situación, chequean las políticas desarrolladas hasta ahora y, de nuevo, el panorama no invita a la tranquilidad. Pero el libro no se queda en el análisis y propone hasta 101 medidas para una política con perspectiva de familia.

Si el futuro de la humanidad pasa por fortalecer la familia como institución natural, como hábitat natural donde cada persona nace, aprende a relacionarse, donde se es querido por lo que es, España tiene muchos deberes por delante: somos un país que envejece y, a la vez, un país en el que el aborto es la principal causa de mortalidad; en el que en veinte años hemos pasado de 220.533 matrimonios a 170.815, donde el número de rupturas matrimoniales crece; en fin España -por dar otro dato- ocupa el último puesto de los veintisiete países de la Unión Europea en medidas de ayuda y protección a la familia, ámbito natural en el que la gente viene al mundo.

En estos años las políticas y las leyes, lejos de fortalecer a la familia, la han debilitado: el matrimonio, que ya había perdido la indisolubilidad como seña de identidad, acaba de desdibujarse gracias al “divorcio exprés” y al “matrimonio” homosexual; cuando vivimos ese invierno demográfico se hace del aborto un derecho o se populariza la píldora del día después; o ya en lo ideológico se elimina toda idea de que hay una familia natural, para contraponer la “tradicional” a los nuevos modelos de familia. La ideología de género pone su granito de arena y la Educación para la Ciudadanía lo difunde.

La población es el mayor activo de un país y se estructura en millones de familias. El suicido demográfico y la crisis de la familia son problemas objetivos, comprobables a golpe de datos, son problemas diagnosticados y sus efectos pronosticados, por eso debería ser prioritario en el discurso político. Es cierto que en España la familia es una institución aun fuerte y arraigada, pero no podemos vivir de las rentas ni de la inercia, sencillamente porque esas políticas o esas leyes antifamilia acabarán con esa herencia.

Tras el 20-N caben dos opciones: acentuar o mantener el deslizamiento por esa pendiente suicida o fortalecer la institución más valorada por los españoles y en la que nos jugamos nuestro futuro. Igual que a partir de la Cumbre de Kyoto se instauraron políticas para reducir las causas del cambio climático; en lo humano y social España debe evitar su particular debacle, su camino hacia un cambio climático en lo poblacional y humano. Si unos instauraron la perspectiva de género para todo, ahora toca -y con urgencia- instaurar una perspectiva de familia.

martes, 31 de mayo de 2011

Debate global sobre el matrimonio



Por su interés, copio el siguiente artículo del profesor Rafael Navarro-Valls, aparecido en Zenit el 30 de mayo:

DEBATE GLOBAL SOBRE EL MATRIMONIO

Las grandes contiendas jurídicas no son simplemente nacionales: son planetarias. Así ocurrió, por ejemplo, con los debates en torno a la codificación. Y así está ocurriendo ahora con la nota de heterosexualidad del matrimonio.

La tensión se percibe entre dos tendencias opuestas. La primera es lo que en términos de derecho internacional se llama “efecto dominó”. Es decir, la propensión expansiva de una institución jurídica, cuando es adoptada por un sistema político de cierta influencia sobre otros. La especial gravedad de que España aceptara - con fuertes oposiciones, todo hay que decirlo, por parte de los órganos jurídicos españoles de mayor relieve - el llamado matrimonio entre personas del mismo sexo, radicó en que produjo como reacción que algún país latinoamericano (por ejemplo Argentina, o, más limitadamente en el estado de México D.F., que representa tan sólo el 8% de la población de la república de México) alteraran profundamente la estructura configurativa del matrimonio, aceptando el matrimonio entre homosexuales. En otros países (Chile, Ecuador, Perú etc.) solamente se planteó a nivel político o jurídico, pero sin cambios apreciables en la configuración del matrimonio.

Junto a esta tendencia expansiva, la adopción por algunos sistemas jurídicos del matrimonio entre personas del mismo sexo, ha producido una reacción contraria. Lo que he llamado en alguna ocasión “efecto blindaje”, esto es, la defensa del matrimonio heterosexual a través de la constitucionalización de la nota de heterosexualidad. El último ejemplo en Europa de esta tendencia ha sido Hungría. Hace menos de un mes (25 de abril) se aprobó en el Parlamento húngaro por 262 votos contra 44 (bastante más de los dos tercios exigidos) una nueva Constitución, que elimina los últimos residuos comunistas de la antigua de 1990. En lo que respecta al matrimonio, expresamente se establece la protección de la “institución del matrimonio, considerado como la unión natural entre un hombre y una mujer y como fundamento de la familia”. Anteriormente, la Constitución polaca de 1997 (artículo 18) definió el matrimonio exclusivamente como “la unión entre un hombre y una mujer”. En fin, la constitución de Lituania (1992) establece que “el matrimonio debe ser efectuado con el consentimiento mutuo y libre del hombre y la mujer”, definiendo su Código civil el matrimonio como “ el acuerdo voluntario entre un hombre y una mujer".

¿Cuál de ambas tendencias progresa con mayor rapidez ? Contra lo que pudiera creerse, la realidad es que existe un equilibrio inestable modelado por reacciones y contra-reacciones que dibujan, en mi opinión, un panorama más cercano a la defensa del matrimonio heterosexual que al avance del matrimonio entre personas del mismo sexo.

Prescindiendo de la algarabía mediática de uno u otro signo, conviene circunscribirnos a los hechos. Un rápido “tour d´horizon” probablemente avalará lo que digo. Volviendo a Europa, la verdad es que si Países Bajos (2001), Bélgica (2003), España (2004), Noruega (2009), Suecia (2009) y Portugal (2010) han regulado el matrimonio entre personas del mismo sexo, la corriente mayoritaria se muestra concesora de diversos efectos a las uniones civiles de personas del mismo sexo, pero no demasiado receptiva a transformar esas uniones en verdaderos matrimonios. Ya hemos visto la tendencia de los países del Este de Europa a constitucionalizar la nota de heterosexualidad. En otros países europeos (Francia, Italia, Alemania Etc.), aunque el debate se plantea con mayor o menor intensidad, la posición de los órganos legislativos o jurisprudenciales mantiene una posición de equilibrio que no se inclina hacia la concesión “tout court” del estado matrimonial a las uniones civiles. Así, por ejemplo, en febrero de este mismo año, el Consejo Constitucional francés consideró que la prohibición del matrimonio homosexual, tal y como lo recoge el Código Civil, es conforme a la Constitución francesa.

Latinoamérica es un ámbito jurídico en el que las reacciones se producen con rapidez ante modelos distintos. Un ejemplo. Acabo de regresar de México, donde he debido viajar por cuestiones académicas a varios estados. El único de ellos en que se ha aprobado el matrimonio entre personas del mismo sexo es Ciudad de México. La reacción fue inmediata. Los estados de Jalisco, Morelos, Sonora, Tlaxcala y Guanajuato plantearon ante la Corte Suprema cuestión de inconstitucionalidad. Aunque esta declaró constitucionales los matrimonios aprobados en Ciudad de México (naturalmente sin imponerlos a los demás estados), inmediatamente el Congreso del estado de Baja California reformó el artículo 7 de la Constitución estatal, definiendo el matrimonio exclusivamente como “la unión entre un hombre y una mujer”. Esta tendencia a “blindar” las constituciones estatales está encontrando eco en algunos otros estados mexicanos, centroamericanos y sudamericanos.

En Estados Unidos, el matrimonio entre personas del mismo sexo es reconocido a nivel estatal por seis Estados: Massachusetts (2004), Connecticut (2008), Iowa, Vermont, New Hampshire y Distrito de Columbia (estos cuatro en 2009). Sin embargo, como reacción ante la tendencia expansiva, antes o después de esas fechas, más de 20 estados alteraron sus constituciones para definir el matrimonio como una unión entre hombre y mujer. Es decir, para blindarse frente a la tendencia expansiva.

Hace unos días, Obama ha cursado órdenes al Departamento de Justicia para que deje de apoyar ante los tribunales la ley federal aprobada en 1996 durante la Administración Clinton, en la que se define el matrimonio como la unión legal entre un hombre y una mujer. Esta “ley de defensa del matrimonio” (DOMA), por la que ningún estado está obligado a reconocer como matrimonio una relación entre personas del mismo sexo reconocida como matrimonio en otro estado, se aprobó en su momento una amplia mayoría bipartidista en ambas cámaras del Congreso. La reacción ha sido inmediata. El presidente de la Cámara de Representantes anunció que iba a reunir a un grupo de asesoramiento legal formado por miembros de ambos partidos para defender la DOMA. “Es de lamentar -dijo- que la Administración Obama haya abierto esta cuestión tan polémica en un momento en que los americanos quieren que sus líderes se centren en el empleo y en los problemas económicos. La constitucionalidad de esta ley debe ser decidida por los tribunales, no por el presidente de modo unilateral, y esta decisión de la Cámara quiere garantizar que la cuestión se afrontará de modo conforme con la Constitución”.

El balance final es que de los 192 países reconocidos ante la ONU (más 10 de facto, no integrados oficialmente en dicha organización) solamente reconocen el matrimonio entre personas del mismo sexo un total de 10 países, más algunos estados aislados de México y Estados Unidos. Entre ellos, no se cuenta ningún país asiático y ninguno africano (salvo Sudáfrica), y tan solo un latinoamericano, y parte de otro.

Comparando la demografía de ese pequeño grupo de países con la de todo el planeta que rechaza el modelo de matrimonio entre personas del mismo sexo, la anomalía jurídica está todavía localizada. Desde luego es una localización con tendencia a la expansión, pero al parecer la mayoría de la corriente sanguínea del organismo jurídico tiende a defenderse, buscando otras fórmulas que equilibren la concesión de algunos efectos a las uniones entre personas del mismo sexo con el derecho de mantener en su real configuración las instituciones jurídicas, entre ellas el matrimonio como unión entre hombre y mujer. Desde luego, la prevalencia del sentido común y jurídico en esta importante materia exige -en especial a los juristas - esa cualidad tan propia de los hombres dedicados a la defensa de la justicia que consiste en mantener la firmeza de una roca en las convicciones, moderándola con la flexibilidad de un junco en sus aplicaciones.

jueves, 26 de mayo de 2011

Poligamia en Turquía




Copio del ABC la siguiente y sorprendente (al menos, entre nosotros) noticia:

Una asesora municipal de Estambul propone legalizar la poligamia

«Una mujer saludable que analiza por lo que tiene que pasar en caso de divorcio debería, en mi opinión, considerar la poligamia como forma de salvación». Estas palabras serían polémicas en cualquier contexto. Lo son mucho más porque quien las ha pronunciado, Sibel Üresin, es una conocida consultora familiar que asesora al ayuntamiento de Estambul.

Joven –apenas 35 años–, siempre ataviada con un inmaculado velo, Üresin es una figura recurrente en los debates televisivos que tratan cuestiones sobre familia e Islam.

Como especialista, imparte seminarios sobre comunicación dentro de la familia para las municipalidades más conservadoras de Estambul, como Eyüp o Fatih. De ahí lo chocante de sus declaraciones: «Si yo fuese hombre, habría sido polígamo», dijo ayer.

La base de su argumentación, obviamente, es religiosa, pero también social. «La poligamia existe en nuestra religión. Está escrito en el Corán», dice. «Los hombres pueden tener cuatro esposas de acuerdo con diversas interpretaciones del islam, pero estas mujeres no tienen derechos en Turquía», asegura. Por eso, afirma que legalizar la poligamia ayudaría legalmente a aquellas mujeres que ya conviven en matrimonios polígamos.

La poligamia es una de las realidades ocultas de Turquía. A pesar de ser ilegal y estar penada por la ley, un estudio demográfico publicado por la universidad de Hacettepe el pasado enero reveló que más de 187.000 mujeres turcas se ven obligadas a compartir marido con otra persona. Esta práctica se da sobre todo en las empobrecidas zonas kurdas del sureste del país, donde el nivel de analfabetismo es muy elevado y las reglas tribales tienen todavía un gran peso en la sociedad.
Pero Üresin llega al extremo de comparar infidelidad en el matrimonio con poligamia. «Un hombre busca cualidades de amistad, sexualidad, maternidad y ama de casa en una mujer. A menos que las poseas todas, deberías estar preparada para que te engañen», asegura Üresin, quien dice que «la poligamia es una realidad, dado que el 85% de los hombres son infieles de todas formas».

Por ello, las declaraciones de Üresin han levantado una gran polémica en Turquía. «Gran idea para resolver los problemas de las mujeres», titulaba, irónicamente, su columna de hoy el veterano columnista Yusuf Kanli. «Dado que los alcaldes de Fatih y Eyüp la escuchan, estoy preocupado, después de leer sus comentarios» escribe Kanli en el diario «Hürriyet».

Porque Üresin ha dicho cosas como que «palizas e infidelidad no son una buena razón para que una mujer pida el divorcio. Un 80% de las mujeres en Turquía son golpeadas por sus esposos por los comentarios de éstas. Para lograr la felicidad dentro de un hogar, la mujer debe obedecer a su marido y el marido debe tratar a la mujer como puesta bajo su protección por Dios». «En toda sociedad ha habido sádicos y masoquistas. No puede haber otra explicación», afirma Kanli, con cierta sorna.

martes, 22 de febrero de 2011

Matrimonio y Derecho


(Artículo de Rafael Navarro-Valls, en Zenit, 21-2-2011)

Existe una extendida visión del matrimonio que tiende a separar el Derecho de la unión conyugal, dejándolo reducido a un fenómeno exclusiva o preferentemente sociológico. Para esta visión, la regulación del matrimonio debería adaptarse, no a lo que es en sí mismo, sino a cómo dicen que es determinadas visiones sociológicas conectadas con minorías más o menos estridentes.

Esta visión “pansociológica”, desconectada del Derecho, ha conducido a profundos cambios en la propia estructura de la unión entre hombre y mujer, hasta llegar al actual desorden axiológico. Hace siglos Platón lo profetizaba en su “República” en estos términos: “Primero –decía– nos va penetrando sin darnos cuenta, el menosprecio por la ley moral en el arte y la música, bajo la forma de un juego inocente y agradable. Poco a poco va infiltrándose en los usos y costumbres, y, de súbito, todo esto brota desvergonzadamente en las leyes y decretos “.

Así, y por ejemplo, las leyes que permiten el divorcio unilateral sin condiciones (los llamados “divorcios exprés”) tienen una importante influencia en el modo en que los ciudadanos acabarán valorando o infravalorando sus compromisos personales. Esas leyes no solamente alteran el proceso de salida (haciéndolo trivialmente fácil), sino que devalúa también el proceso de entrada en el matrimonio, desvirtuando su trascendencia. El sabio consejo de Benjamín Franklin: “Conservad vuestros ojos abiertos antes de casaros” y “semicerrados después del matrimonio”, se transforma ahora en “no importa lo que hagáis”: se trata de una relación sin demasiadas repercusiones prácticas.

Frente a esta visión, Benedicto XVI acaba de resaltar en su reciente alocución al tribunal de la Rota Romana (22.I.2011) la sólida vertiente jurídica de la unión conyugal, es decir “su pertenencia por naturaleza al ámbito de la justicia en las relaciones interpersonales”. Quiere decirse con esto, entre otras cosas, que la misión de los juristas es contribuir a crear un ambiente social propicio para desencadenar una política familiar proclive a diseñar un marco favorable a que las familias se mantengan unidas y puedan ocuparse convenientemente de sus hijos.

Pero la responsabilidad no solo es de los juristas. Junto a ellos, los líderes políticos, los medios de comunicación, la red o los programas de televisión tienen una gran trascendencia en mantener unidas las células que estructuran el tejido social familiar. Aquí no se trata de definir una alternativa más entre varios estilos de vida, diseñar un foro donde se negocian los derechos, elevar simplemente barreras contra la vida sexual promiscua o elaborar un montón de cálculos de costos y beneficios. Se trata de fortalecer un compromiso. Y en ese compromiso los juristas debemos alertar que la desmitificación de las normas jurídicas que lo protegen suele llevar, con demasiada frecuencia, a su desmetafisicación, es decir, conceptuar el matrimonio simplemente como un hecho cultural en perpetuo cambio y no como una relación natural y estable.

El Derecho canónico –al que se refiere Benedicto XVI en la alocución citada– lo contempla desde esta última perspectiva. Y vuelve a ofertar a la Humanidad su propia visión, afirmando que el matrimonio diseñado por la naturaleza, reflejado en las normas que hunden sus raíces en el cristianismo, no es una reliquia que deba ser contemplada como hacen los anatomistas alrededor de un bello cadáver. Al contrario, en el libre mercado de ofertas sociales es un punto de referencia vital, construido sobre la dignidad de la persona humana.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Buenos hombres casados


(Noticia publicada en ABC)

Por mucho que se quejen, nada parece convenir más a un hombre que el matrimonio. Diferentes estudios ya han comprobado que los varones que han pasado por el altar tienen mejor salud y mejor calidad de vida. Pero no solo eso. Además, se ha comprobado que se meten menos en problemas y llevan a cabo menos conductas agresivas o ilegales. No quedaba claro, sin embargo, si esta asociación era una consecuencia de mantener una relación estable o si, por el contrario, los hombres menos «peligrosos» y más integrados tienen, simplemente, más probabilidades de casarse. Una nueva investigación realizada con pares de gemelos por una científica de la Universidad Estatal de Michigan en EE.UU. -sí, la autora del estudio es una mujer-, cree que las dos respuestas son válidas. Todas las claves aparecen publicadas en la revista Archives of General Psychiatry.

La genetista Alexandra Burt y sus colegas han descubierto que los hombres más integrados y con menos tendencia a incumplir las leyes son más proclives a terminar con un anillo en el dedo. Por si fuera poco, una vez que ya han dado el sí, su buen comportamiento se refuerza, y el matrimonio parece inhibir aún más las malas ideas. «Generalmente, el matrimonio es bueno para los hombres, al menos en la medida en que reduce el comportamiento antisocial, pero los datos también indican que quien se casa no lo hace por azar», señala Burt.

Para descartar los efectos de los genes en estas asociaciones, los investigadores examinaron 289 pares de gemelos varones. Los gemelos fueron evaluados en cuatro ocasiones: a las edades de 17, 20, 24 y 29 años. El estudio encontró que los hombres con niveles más bajos de conducta antisocial a los 17 y 20 años tenían más probabilidades de haberse casado a los 29 años (los investigadores se refieren al acto de contraer matrimonio como un proceso de selección). Nunca antes se había realizado una investigación así y nunca se había llegado a una conclusión semejante.

Además, una vez que los hombres están casados, las tasas de comportamiento antisocial se reducen aún más. Al comparar a un hombre casado con su gemelo idéntico que no lo había hecho, el casado, por lo general, mostraba una mejor conducta que el soltero.

Burt explica que es poco probable que el matrimonio inhiba el comportamiento antisocial de los hombres directamente, sino que el matrimonio es un marcador de otros factores tales como la vinculación social o el pasar menos tiempo con malas compañías. Otro factor que parece importante es la calidad de la unión. Cuando más estrechos son los vínculos entre los dos cónyuges, más fuerte es el efecto contra el comportamiento antisocial del varón. Una vez más, se demuestra que las mujeres son una buena influencia. Lo dice la ciencia.

martes, 2 de noviembre de 2010

Sobre la ideología de género


Copio el artículo publicado por Juan Manuel de Prada, con el título “Juegos de género”:

Como todos los totalitarismos que en el mundo han sido, la aspiración primordial de la ideología de género es completar una ingeniería social; esto es, disolver los vínculos naturales que forman el tejido social para, una vez convertido ese tejido en una suerte de papilla informe, sustituir tales vínculos por creaciones artificiosas que conviertan a las personas en lacayos del poder establecido. En su proceso de deconstrucción social, la ideología de género propugna que no existen ni el sexo ni la diferencia sexual como realidades innatas al ser humano; y que sólo existen «géneros», es decir, roles adquiridos, producto de una determinada práctica social. Para cambiar tales roles, la ideología de género ha declarado batalla sin cuartel a la institución familiar, que considera el último bastión de resistencia en su programa de ingeniería social. Y, aplicando el esquema de la lucha de clases marxista a las relaciones familiares, las presenta como relaciones conflictivas: así, el amor entre los esposos se convierte en relación de dominio, en la que florecen todo tipo de violencias y alienaciones; y, una vez convertida la vida de pareja en campo de Agramante, se pueden desarrollar «políticas de igualdad» que finjan poner coto a las violencias en el ámbito familiar (cuando lo que en realidad pretenden es engendrar dichas violencias), a la vez que «salvan» a los hijos, otorgando al Estado un falso título de legitimidad para encargarse de su educación. Así, la ideología de género se asegura el adoctrinamiento de la sociedad desde la propia infancia.

La obsesión de la ideología de género por la sexualidad de los niños es comprensible. Puesto que la diferencia sexual se considera una «alienación» impuesta desde instancias sociales represoras, el objetivo primordial debe ser combatir todo lo que perpetúa tal «alienación». Para acabar con la diferencia sexual entre hombres y mujeres, es preciso que el sexo de conciba no como algo determinado por el nacimiento, sino como una suerte de «asignatura de libre configuración», que cada quisque elige, según la «orientación sexual» que en cada momento de su vida le pete. Así, convirtiendo la práctica sexual en una actividad meramente lúdica, se construye una nueva utopía de hedonismo que preconiza la consecución de la felicidad a través de la exaltación del deseo sexual, sin límite moral, legal o corporal alguno. Chesterton la vislumbró hace casi un siglo, cuando auguró que no tardaría en proclamarse una nueva religión que, a la vez que exaltase la lujuria, prohibiese la fecundidad. Tal religión ya ha sido instaurada; y toda la panoplia legal desplegada en los últimos tiempos —reconfiguración de la institución matrimonial, consagración del llamado «derecho a la salud reproductiva y sexual», educación para la ciudadanía y demás flores pútridas de la ideología de género— no tiene otro afán sino otorgar cobertura jurídica a una revolución ideológica que trata de cambiar radicalmente la sociedad, moldeando la esfera interior de las personas.

En esta estrategia revolucionaria debe enmarcarse esta nueva pretensión de controlar el recreo de los niños en las escuelas, mediante el establecimiento de centinelas de género que vigilen los «protocolos de juego» y transmitan «los valores y principios adecuados». Pura y dura ingeniería social que podemos despachar con cuatro risas y cuatro bromas chuscas; pero algún día, no tardando mucho, la risa se nos congelará en la boca, en un rictus de horror. Para entonces, ya será demasiado tarde.

sábado, 9 de octubre de 2010

Familia monoparental y pobreza


La Oficina del Censo de Estados Unidos ha hecho públicas el 16 de septiembre las últimas cifras sobre renta y pobreza. Según el informe, el índice oficial de pobreza en Estados Unidos en 2009 era del 14,3%, por encima del 13,2% de 2008.

Otro documento, hecho público el mismo día que el informe de la Oficina del Censo, hacía hincapié en una importante causa de pobreza que suele olvidarse, la ruptura matrimonial. "Marriage: America's Greatest Weapon Agaisnt Child Poverty" (El Matrimonio: la Mejor Arma de Norteamérica contra la Pobreza Infantil) ha sido escrito por Robert Rector y publicado por la Heritage Foundation.

"El matrimonio sigue siendo el arma más fuerte contra la pobreza en Norteamérica, aún así sigue disminuyendo", afirmaba Rector.

Analizaba los datos de la Oficina del Censo de Estados Unidos para el 2008. Según estos, el índice de pobreza para los progenitores solteros con hijos en Estados Unidos era en el 2008 del 36,5%. Un dato a comparar con el de las parejas casadas con hijos, con sólo un 6,4%. Así que crecer en una familia casada reducía en un 80% la probabilidad de que un niño viviera en la pobreza.

Rector admitía que algunas de estas diferencias estriban en el hecho de que los progenitores solteros tienen en general una preparación educativa inferior que las parejas casadas. Incluso así, cuando las parejas casadas se comparan con los progenitores solteros con el mismo nivel de educación, el índice de pobreza de los casados es todavía un 75% inferior.

El estudio observaba además que, desgraciadamente, el matrimonio está disminuyendo con rapidez en Estados Unidos. Durante la mayor parte del siglo XX, casi todos los niños nacían en parejas casadas. Así, cuando el presidente Lyndon Johnson lanzó la Guerra contra la Pobreza en 1964, el 93% de los niños nacidos en Estados Unidos nacían de parejas casadas.

En los años siguientes hubo un cambio espectacular en la situación. En 2007, sólo el 59% de los nacimientos de la nación eran de parejas casadas.

Rector también comentaba que no debemos pensar que este fenómeno se deba sobre todo a embarazos y nacimientos adolescentes. De hecho, en 2008, sólo el 7,7% de los nacimientos fuera del matrimonio en Estados Unidos eran de mujeres menores de 18 años. Tres cuartas partes eran de mujeres adultas jóvenes entre los 19 y 29 años.

"El declive del matrimonio y el crecimiento de los nacimientos fuera del mismo no es un asunto de adolescentes; es el resultado de la ruptura de relaciones de hombres y mujeres adultos jóvenes", afirmaba Rector.

En general, las familias monoparentales abarcan un tercio de todas las familias con hijos, pero el 71% de las familias pobres con hijos son monoparentales. En contraste, el 74% de todas las familias no pobres con hijos son de parejas casadas, observaba el estudio.

El vuelco masivo hacia las familias monoparentales también ha significado un gran coste para las finanzas públicas. Según Rector, el gobierno federal lleva adelante más de 70 programas de bienestar que proporcionan ayuda a las personas con bajos ingresos. En el año fiscal 2010, el gobierno federal y los gobiernos estatales gastaron 400.000 millones de dólares en recursos para familias con hijos y bajos ingresos, afirmaba. Y cerca de tres cuartas partes de esta asistencias, es decir 300.000 millones de dólares, fueron a familias monoparentales.

Dos factores influyen sobre la probabilidad de que una familia sea monoparental, la raza y la educación. El índice de nacimientos extramatrimoniales (el número total de nacimientos fuera del matrimonio para las madres de un grupo dividido por todos los nacimientos del grupo durante el mismo año) para toda la población fue del 40,6% en el 2008. Sin embargo, entre las mujeres blancas no hispanas fue sólo del 28,6%. Entre las hispanas esta cifra casi se doblaba, con un 52,5%, y entre los negros era del 73,3%.

Otro factor es la educación. "Los Estados Unidos están dividiéndose en un sistema de dos castas, con el matrimonio y la educación como línea divisoria", comentaba rector.

En 2008, en Estados Unidos nacieron fuera del matrimonio 1,72 millones de niños. La mayoría de ellos nacieron de mujeres adultas jóvenes con estudios de secundaria o inferiores. De hecho más de dos tercios de los nacimientos de mujeres que habían abandonado la secundaria tuvieron lugar fuera del matrimonio. En contraste, entre las mujeres con al menos un título universitario, sólo un 8% de los nacimientos ocurrieron fuera del matrimonio.

"Para combatir la pobreza, es vital robustecer el matrimonio; y para robustecer el matrimonio, es vital que se dé a la población de riesgo una comprensión clara y efectiva de las ventajas del matrimonio y de los costes y consecuencias de la maternidad extra marital", concluía Rector.

(Fuente: Zenit)