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jueves, 11 de octubre de 2012

El problema del matrimonio

El verdadero problema del matrimonioEl diario ABC publica hoy esta noticia, bajo el título "El verdadero problema del matrimonio":
 
 
En un encuentro organizado por The Family Watch, el profesor del Instituto de Empresa Víctor Torre de Silva ha abordado el crecimiento de las uniones de hecho frente al matrimonio en la sociedad actual.
«El verdadero problema del matrimonio hoy no reside en que la gente se case por la Iglesia o por lo civil, sino en que prefiere no casarse y opta por la mera convivencia», ha señalado. Y es que los datos así lo avalan. Mientras que en 1976 el porcentaje de matrimonios era de 8 por cada mil habitantes/año, actualmente ha descendido hasta 3,5. España se sitúa incluso por debajo de la media europea, que permanece en un 4,5.
El número de nacimientos fuera del matrimonio también se ha disparado. Mientras que en las décadas de los años 60 y 70 solo un 2% de los nacimientos se producían fuera del matrimonio, hoy en día es un 35%, también por encima de la media europea, que se sitúa en torno a un 33%.
Además, tanto la actual crisis económica —la celebración de la boda sigue siendo algo caro— como las equiparaciones entre las uniones de hecho y los matrimonios introducidas por las diversas legislaciones de las Comunidades Autónomas hacen que esta tendencia se acentúe cada vez más.
También ha contribuido considerablemente la implantación en nuestro país de las técnicas de reproducción asistida, que llevan a muchos a tomar la decisión de tener hijos por su cuenta sin necesidad de formar un ambiente familiar estable en el que criar a esos niños.
El profesor Torre de Silva concluyó que la falta de estabilidad en las relaciones de pareja supone un paso atrás en la historia, ya que nos retrotrae a la figura del matrimonio romano originario, que daba más importancia al afecto que al compromiso.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Perspectiva de familia

Copio este artículo publicado en La Razón por el magistrado José Luis Requero:

PERSPECTIVA DE FAMILIA

La semana pasada supimos que desde enero han salido de España más inmigrantes que los que llegan. En concreto y según el Instituto Nacional de Estadística, han llegado 317.491 inmigrantes, pero han salido 356.692, algo inédito en los últimos diez años. También se van de España españoles: en lo que va de año han salido unos 50.000, una cifra que, por ahora, no se considera preocupante. Además se estima que en una década la población española se reducirá en cerca de medio millón de personas debido a la menor afluencia de población inmigrante.

Estos datos agudizan el problema demográfico que padece España; yo hablo de suicidio demográfico, otros hablan de “invierno” demográfico, da igual: la cuestión es que un país que envejece tiene un grave problema, es un país que se suicida, que renuncia a tener futuro. Hoy los mayores de sesenta y cinco años superan en más de un millón a los menores de quince años. En los últimos años la población inmigrante ayudaba a mejorar las cifras; ayudaban a recuperar la tasa de reposición poblacional (que nazcan más de los que fallecen), pero los datos anteriores pintan un panorama muy negro.

En la misma semana que se conocía esa noticia, se presentaba el libro “La familia, desafío para una nueva política”, que ha editado el Instituto de Política Familiar y del que son autores Eduardo Hertfelder, Mariano Martínez-Aedo y Lola Velarde. En él se analiza este invierno demográfico como parte de otro no menos inquietante: la situación de la familia en España. Los autores estudian esa situación, chequean las políticas desarrolladas hasta ahora y, de nuevo, el panorama no invita a la tranquilidad. Pero el libro no se queda en el análisis y propone hasta 101 medidas para una política con perspectiva de familia.

Si el futuro de la humanidad pasa por fortalecer la familia como institución natural, como hábitat natural donde cada persona nace, aprende a relacionarse, donde se es querido por lo que es, España tiene muchos deberes por delante: somos un país que envejece y, a la vez, un país en el que el aborto es la principal causa de mortalidad; en el que en veinte años hemos pasado de 220.533 matrimonios a 170.815, donde el número de rupturas matrimoniales crece; en fin España -por dar otro dato- ocupa el último puesto de los veintisiete países de la Unión Europea en medidas de ayuda y protección a la familia, ámbito natural en el que la gente viene al mundo.

En estos años las políticas y las leyes, lejos de fortalecer a la familia, la han debilitado: el matrimonio, que ya había perdido la indisolubilidad como seña de identidad, acaba de desdibujarse gracias al “divorcio exprés” y al “matrimonio” homosexual; cuando vivimos ese invierno demográfico se hace del aborto un derecho o se populariza la píldora del día después; o ya en lo ideológico se elimina toda idea de que hay una familia natural, para contraponer la “tradicional” a los nuevos modelos de familia. La ideología de género pone su granito de arena y la Educación para la Ciudadanía lo difunde.

La población es el mayor activo de un país y se estructura en millones de familias. El suicido demográfico y la crisis de la familia son problemas objetivos, comprobables a golpe de datos, son problemas diagnosticados y sus efectos pronosticados, por eso debería ser prioritario en el discurso político. Es cierto que en España la familia es una institución aun fuerte y arraigada, pero no podemos vivir de las rentas ni de la inercia, sencillamente porque esas políticas o esas leyes antifamilia acabarán con esa herencia.

Tras el 20-N caben dos opciones: acentuar o mantener el deslizamiento por esa pendiente suicida o fortalecer la institución más valorada por los españoles y en la que nos jugamos nuestro futuro. Igual que a partir de la Cumbre de Kyoto se instauraron políticas para reducir las causas del cambio climático; en lo humano y social España debe evitar su particular debacle, su camino hacia un cambio climático en lo poblacional y humano. Si unos instauraron la perspectiva de género para todo, ahora toca -y con urgencia- instaurar una perspectiva de familia.

martes, 31 de mayo de 2011

Debate global sobre el matrimonio



Por su interés, copio el siguiente artículo del profesor Rafael Navarro-Valls, aparecido en Zenit el 30 de mayo:

DEBATE GLOBAL SOBRE EL MATRIMONIO

Las grandes contiendas jurídicas no son simplemente nacionales: son planetarias. Así ocurrió, por ejemplo, con los debates en torno a la codificación. Y así está ocurriendo ahora con la nota de heterosexualidad del matrimonio.

La tensión se percibe entre dos tendencias opuestas. La primera es lo que en términos de derecho internacional se llama “efecto dominó”. Es decir, la propensión expansiva de una institución jurídica, cuando es adoptada por un sistema político de cierta influencia sobre otros. La especial gravedad de que España aceptara - con fuertes oposiciones, todo hay que decirlo, por parte de los órganos jurídicos españoles de mayor relieve - el llamado matrimonio entre personas del mismo sexo, radicó en que produjo como reacción que algún país latinoamericano (por ejemplo Argentina, o, más limitadamente en el estado de México D.F., que representa tan sólo el 8% de la población de la república de México) alteraran profundamente la estructura configurativa del matrimonio, aceptando el matrimonio entre homosexuales. En otros países (Chile, Ecuador, Perú etc.) solamente se planteó a nivel político o jurídico, pero sin cambios apreciables en la configuración del matrimonio.

Junto a esta tendencia expansiva, la adopción por algunos sistemas jurídicos del matrimonio entre personas del mismo sexo, ha producido una reacción contraria. Lo que he llamado en alguna ocasión “efecto blindaje”, esto es, la defensa del matrimonio heterosexual a través de la constitucionalización de la nota de heterosexualidad. El último ejemplo en Europa de esta tendencia ha sido Hungría. Hace menos de un mes (25 de abril) se aprobó en el Parlamento húngaro por 262 votos contra 44 (bastante más de los dos tercios exigidos) una nueva Constitución, que elimina los últimos residuos comunistas de la antigua de 1990. En lo que respecta al matrimonio, expresamente se establece la protección de la “institución del matrimonio, considerado como la unión natural entre un hombre y una mujer y como fundamento de la familia”. Anteriormente, la Constitución polaca de 1997 (artículo 18) definió el matrimonio exclusivamente como “la unión entre un hombre y una mujer”. En fin, la constitución de Lituania (1992) establece que “el matrimonio debe ser efectuado con el consentimiento mutuo y libre del hombre y la mujer”, definiendo su Código civil el matrimonio como “ el acuerdo voluntario entre un hombre y una mujer".

¿Cuál de ambas tendencias progresa con mayor rapidez ? Contra lo que pudiera creerse, la realidad es que existe un equilibrio inestable modelado por reacciones y contra-reacciones que dibujan, en mi opinión, un panorama más cercano a la defensa del matrimonio heterosexual que al avance del matrimonio entre personas del mismo sexo.

Prescindiendo de la algarabía mediática de uno u otro signo, conviene circunscribirnos a los hechos. Un rápido “tour d´horizon” probablemente avalará lo que digo. Volviendo a Europa, la verdad es que si Países Bajos (2001), Bélgica (2003), España (2004), Noruega (2009), Suecia (2009) y Portugal (2010) han regulado el matrimonio entre personas del mismo sexo, la corriente mayoritaria se muestra concesora de diversos efectos a las uniones civiles de personas del mismo sexo, pero no demasiado receptiva a transformar esas uniones en verdaderos matrimonios. Ya hemos visto la tendencia de los países del Este de Europa a constitucionalizar la nota de heterosexualidad. En otros países europeos (Francia, Italia, Alemania Etc.), aunque el debate se plantea con mayor o menor intensidad, la posición de los órganos legislativos o jurisprudenciales mantiene una posición de equilibrio que no se inclina hacia la concesión “tout court” del estado matrimonial a las uniones civiles. Así, por ejemplo, en febrero de este mismo año, el Consejo Constitucional francés consideró que la prohibición del matrimonio homosexual, tal y como lo recoge el Código Civil, es conforme a la Constitución francesa.

Latinoamérica es un ámbito jurídico en el que las reacciones se producen con rapidez ante modelos distintos. Un ejemplo. Acabo de regresar de México, donde he debido viajar por cuestiones académicas a varios estados. El único de ellos en que se ha aprobado el matrimonio entre personas del mismo sexo es Ciudad de México. La reacción fue inmediata. Los estados de Jalisco, Morelos, Sonora, Tlaxcala y Guanajuato plantearon ante la Corte Suprema cuestión de inconstitucionalidad. Aunque esta declaró constitucionales los matrimonios aprobados en Ciudad de México (naturalmente sin imponerlos a los demás estados), inmediatamente el Congreso del estado de Baja California reformó el artículo 7 de la Constitución estatal, definiendo el matrimonio exclusivamente como “la unión entre un hombre y una mujer”. Esta tendencia a “blindar” las constituciones estatales está encontrando eco en algunos otros estados mexicanos, centroamericanos y sudamericanos.

En Estados Unidos, el matrimonio entre personas del mismo sexo es reconocido a nivel estatal por seis Estados: Massachusetts (2004), Connecticut (2008), Iowa, Vermont, New Hampshire y Distrito de Columbia (estos cuatro en 2009). Sin embargo, como reacción ante la tendencia expansiva, antes o después de esas fechas, más de 20 estados alteraron sus constituciones para definir el matrimonio como una unión entre hombre y mujer. Es decir, para blindarse frente a la tendencia expansiva.

Hace unos días, Obama ha cursado órdenes al Departamento de Justicia para que deje de apoyar ante los tribunales la ley federal aprobada en 1996 durante la Administración Clinton, en la que se define el matrimonio como la unión legal entre un hombre y una mujer. Esta “ley de defensa del matrimonio” (DOMA), por la que ningún estado está obligado a reconocer como matrimonio una relación entre personas del mismo sexo reconocida como matrimonio en otro estado, se aprobó en su momento una amplia mayoría bipartidista en ambas cámaras del Congreso. La reacción ha sido inmediata. El presidente de la Cámara de Representantes anunció que iba a reunir a un grupo de asesoramiento legal formado por miembros de ambos partidos para defender la DOMA. “Es de lamentar -dijo- que la Administración Obama haya abierto esta cuestión tan polémica en un momento en que los americanos quieren que sus líderes se centren en el empleo y en los problemas económicos. La constitucionalidad de esta ley debe ser decidida por los tribunales, no por el presidente de modo unilateral, y esta decisión de la Cámara quiere garantizar que la cuestión se afrontará de modo conforme con la Constitución”.

El balance final es que de los 192 países reconocidos ante la ONU (más 10 de facto, no integrados oficialmente en dicha organización) solamente reconocen el matrimonio entre personas del mismo sexo un total de 10 países, más algunos estados aislados de México y Estados Unidos. Entre ellos, no se cuenta ningún país asiático y ninguno africano (salvo Sudáfrica), y tan solo un latinoamericano, y parte de otro.

Comparando la demografía de ese pequeño grupo de países con la de todo el planeta que rechaza el modelo de matrimonio entre personas del mismo sexo, la anomalía jurídica está todavía localizada. Desde luego es una localización con tendencia a la expansión, pero al parecer la mayoría de la corriente sanguínea del organismo jurídico tiende a defenderse, buscando otras fórmulas que equilibren la concesión de algunos efectos a las uniones entre personas del mismo sexo con el derecho de mantener en su real configuración las instituciones jurídicas, entre ellas el matrimonio como unión entre hombre y mujer. Desde luego, la prevalencia del sentido común y jurídico en esta importante materia exige -en especial a los juristas - esa cualidad tan propia de los hombres dedicados a la defensa de la justicia que consiste en mantener la firmeza de una roca en las convicciones, moderándola con la flexibilidad de un junco en sus aplicaciones.

martes, 22 de febrero de 2011

Matrimonio y Derecho


(Artículo de Rafael Navarro-Valls, en Zenit, 21-2-2011)

Existe una extendida visión del matrimonio que tiende a separar el Derecho de la unión conyugal, dejándolo reducido a un fenómeno exclusiva o preferentemente sociológico. Para esta visión, la regulación del matrimonio debería adaptarse, no a lo que es en sí mismo, sino a cómo dicen que es determinadas visiones sociológicas conectadas con minorías más o menos estridentes.

Esta visión “pansociológica”, desconectada del Derecho, ha conducido a profundos cambios en la propia estructura de la unión entre hombre y mujer, hasta llegar al actual desorden axiológico. Hace siglos Platón lo profetizaba en su “República” en estos términos: “Primero –decía– nos va penetrando sin darnos cuenta, el menosprecio por la ley moral en el arte y la música, bajo la forma de un juego inocente y agradable. Poco a poco va infiltrándose en los usos y costumbres, y, de súbito, todo esto brota desvergonzadamente en las leyes y decretos “.

Así, y por ejemplo, las leyes que permiten el divorcio unilateral sin condiciones (los llamados “divorcios exprés”) tienen una importante influencia en el modo en que los ciudadanos acabarán valorando o infravalorando sus compromisos personales. Esas leyes no solamente alteran el proceso de salida (haciéndolo trivialmente fácil), sino que devalúa también el proceso de entrada en el matrimonio, desvirtuando su trascendencia. El sabio consejo de Benjamín Franklin: “Conservad vuestros ojos abiertos antes de casaros” y “semicerrados después del matrimonio”, se transforma ahora en “no importa lo que hagáis”: se trata de una relación sin demasiadas repercusiones prácticas.

Frente a esta visión, Benedicto XVI acaba de resaltar en su reciente alocución al tribunal de la Rota Romana (22.I.2011) la sólida vertiente jurídica de la unión conyugal, es decir “su pertenencia por naturaleza al ámbito de la justicia en las relaciones interpersonales”. Quiere decirse con esto, entre otras cosas, que la misión de los juristas es contribuir a crear un ambiente social propicio para desencadenar una política familiar proclive a diseñar un marco favorable a que las familias se mantengan unidas y puedan ocuparse convenientemente de sus hijos.

Pero la responsabilidad no solo es de los juristas. Junto a ellos, los líderes políticos, los medios de comunicación, la red o los programas de televisión tienen una gran trascendencia en mantener unidas las células que estructuran el tejido social familiar. Aquí no se trata de definir una alternativa más entre varios estilos de vida, diseñar un foro donde se negocian los derechos, elevar simplemente barreras contra la vida sexual promiscua o elaborar un montón de cálculos de costos y beneficios. Se trata de fortalecer un compromiso. Y en ese compromiso los juristas debemos alertar que la desmitificación de las normas jurídicas que lo protegen suele llevar, con demasiada frecuencia, a su desmetafisicación, es decir, conceptuar el matrimonio simplemente como un hecho cultural en perpetuo cambio y no como una relación natural y estable.

El Derecho canónico –al que se refiere Benedicto XVI en la alocución citada– lo contempla desde esta última perspectiva. Y vuelve a ofertar a la Humanidad su propia visión, afirmando que el matrimonio diseñado por la naturaleza, reflejado en las normas que hunden sus raíces en el cristianismo, no es una reliquia que deba ser contemplada como hacen los anatomistas alrededor de un bello cadáver. Al contrario, en el libre mercado de ofertas sociales es un punto de referencia vital, construido sobre la dignidad de la persona humana.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Lo que define al matrimonio

(Tomo prestado este interesante artículo de Aceprensa)

Si se define el matrimonio por características no esenciales, es difícil no aceptar el matrimonio entre personas del mismo sexo. Stephen J. Heaney, profesor asociado de filosofía en la Universidad Saint Thomas en Saint Paul (Minnesota), propone volver a una auténtica idea del matrimonio, en un artículo publicado en MercatorNet, del que traducimos algunos párrafos.

Fuente: Public Discourse
Fecha: 30 Agosto 2010

Abraham Lincoln preguntó una vez cuántas patas tiene un perro si llamamos a la cola pata. La respuesta, dijo, es cuatro: llamar a una cola pata no cambia nada. Nos reímos y seguimos adelante.

Pero ¿y si la gente comienza a argumentar que la cola es en realidad una pata? Se podría decir que lo que define la pata es que se trata de un apéndice del cuerpo del perro, que contiene huesos y músculos cubiertos de piel y de pelo, igual que una cola. Solo que la cola sale del cuerpo en un ángulo diferente que las otras patas. Cuando la cola cuelga hacia abajo, ¿quién puede ver la diferencia?

Este es un ejemplo de cómo definir una cosa por sus características no esenciales. Es como decir que un soldado es "un hombre que viste un uniforme y lleva un arma", o llamar a un estadio de fútbol "un campo rodeado por un montón de asientos." Puede ser verdad en cada caso, pero no sirve para definirlo.

(...) La exigencia del matrimonio entre personas del mismo sexo implica un error similar. El matrimonio se caracteriza a menudo hoy en día de la siguiente manera: (1) dos personas (2) que se aman (3) que desean tener relaciones sexuales (4) dan su consentimiento para unir sus vidas en lo sexual, material y económico (5) con el refrendo de la comunidad. Dado que las parejas del mismo sexo pueden cumplir con los cuatro primeros criterios, ¿cómo puede la sociedad rechazar la quinta? (...)

Pensando en los hijos

Por lo general, el matrimonio tiene de hecho estas características. Pero ¿por qué el matrimonio tiene estas características? (...)

En primer lugar, los seres humanos tienen una poderosa atracción para mantener relaciones sexuales.
En segundo lugar, las relaciones sexuales entre un hombre y una mujer de modo natural y frecuente llevan a tener hijos. Hombres y mujeres solo tienen cada uno una parte del sistema reproductivo completo. Sin las dos partes, la reproducción no puede suceder. Si el resultado no fueran los niños, sería un verdadero misterio saber para qué tenemos esos órganos, y por qué tenemos una profunda inclinación a mantener relaciones sexuales.
En tercer lugar, la crianza de los niños es una responsabilidad de por vida. Como seres sociales que somos, nos mantenemos conectados a través de las generaciones. Incluso cuando los adultos tienen sus propios hijos, necesitan la sabiduría y el consejo de sus padres y madres. Para los que entran en este proyecto todo es más fácil si se quieren y saben darse el uno al otro. Realizar estas acciones con amor es la forma propia del ser humano.
En cuarto lugar, como dan origen a los hijos, las relaciones sexuales tienen importantes consecuencias públicas. No son, como nos gustaría pensar, actos puramente privados. A la comunidad le importa quién las realiza, y en qué circunstancias. Así que la comunidad aprueba ciertos acuerdos sexuales; y rechaza como inapropiados otros que no cumplen con la plenitud de la verdad de la sexualidad humana. Para apoyar a los que la cumplen, les ofrece la institución del matrimonio. En el matrimonio, la pareja se compromete ante la comunidad a realizar este proyecto a través de las promesas de fidelidad y permanencia, uniendo sus cuerpos y sus vidas para hacer que el proyecto se realice. (...) La comunidad apoya a la familia por medio de protección y ayudas. Puede ser que otros reciban prestaciones similares por distintas razones, pero la razón de que las prestaciones correspondan al matrimonio es para ayudar a que el proyecto del matrimonio prospere.

Si la sexualidad no llevara naturalmente a la descendencia, sería difícil explicar por qué existe, tanto si uno cree en una evolución puramente material o en un diseñador amoroso del universo, pues no tendría ninguna utilidad. Si los actos sexuales no conducen naturalmente a los hijos, sería difícil explicar cómo apareció el matrimonio en la historia humana, pues no serviría para nada

Las religiones no lo inventaron

Las religiones pueden bendecir el matrimonio, pero no lo han inventado. Como el sexo y el matrimonio son realidades profundamente importantes, no es de extrañar que tengan un significado religioso. Pero el sexo y el matrimonio han existido siempre en toda comunidad humana.
Si aceptamos una definición de matrimonio basada en sus características no esenciales como si eso bastara, sería imposible rechazar el matrimonio homosexual. En cambio, si se tiene en cuenta toda la verdad, es imposible aceptarlo. Aunque superficialmente las uniones homosexuales resulten parecidas a los verdaderos matrimonios, las relaciones entre personas del mismo sexo no puede funcionar como matrimonios.
Hoy en día, los matrimonios se desmoronan, las familias se rompen, la sociedad se tambalea. ¿Por qué? Porque no estamos viviendo en la verdad. Aceptamos una mala definición del matrimonio, admitimos casi cualquier arreglo sexual, glorificamos la búsqueda del placer sexual, y tratamos a los niños como si fueran un medio para satisfacer nuestros deseos. En su gran mayoría, las investigaciones muestran que criar a los niños en un ambiente distinto al de sus padres naturales es perjudicial. A veces el daño es inevitable, como cuando un padre muere, pero no hay que buscarlo a propósito.

lunes, 18 de enero de 2010

Progenitor A y Progenitor B


Después de que el pasado 8 de enero el Consejo de Ministros diera luz verde al Anteproyecto de Ley del Registro Civil por el cual se elimina el término de padre y madre a cambio de "progenitor A" y "progenitor B", en una entrevista a José María Martí Sánchez, doctor en Derecho, este profesor universitario responde a la siguiente cuestión:

¿Qué consecuencias sociales puede provocar en el Registro Civil las nuevas denominaciones “Progenitor A” y “Progenitor B”, en lugar de padre y madre?

Todo lo referido a la familia, incluido lo instrumental como pueda ser un registro, tiene la mayor repercusión personal y social. Por tanto, las consecuencias de una reforma legal sobre la familia son muchas. Máxime cuando inciden en su definición, es decir, sobre su base matrimonial.

El Anteproyecto de Ley del nuevo Registro Civil (8 enero 2010), según la información publicada, responde a la misma filosofía. Tiene como contexto propio el marco de alteración sustancial del matrimonio emprendido por las leyes 13/2005, que introduce el llamado matrimonio homosexual, y 15/2005 o «ley de divorcio exprés». Con estas, normas y otras de ámbito nacional o autonómico, como la catalana de diciembre de 2008, desaparecen dos de las bases naturales del matrimonio: la complementariedad y la estabilidad. Previamente, desde 1981, la otra nota, la fecundidad, había sido seriamente afectada. Hoy, el modo en que se explica la sexualidad, no deja resquicio a que el matrimonio despliegue su potencialidad. Todo ello se nota en las bajas tasas de nupcialidad y nacimientos.

El anteproyecto sigue la misma pauta. Se reemplaza el estatuto natural del matrimonio y la familia por una figura convencional que incorpora realidades diversas. De este modo unifica la familia matrimonial con otros tipos de agrupaciones humanas. Extrema lo establecido por la Orden 568/2006 para generalizar términos tan pintorescos y ridículos, como los de progenitor A y progenitor B. Pensemos que el término progenitor por su etimología es más pobre que la noción de padre o madre, pues se refiere exclusivamente a que da origen —biológico— a la vida, pero justamente esto es lo que no ocurre en las parejas homosexuales (masculinas).